Luis Gal
Adolfo Castañón
Luis Gal es el nombre artístico —nom de plume— de un mexicano singular, es decir dos veces mexicano, artista por partida doble. De niño, Luis nacido en 1957 pasó varios años en Venezuela junto con su familia pues su padre tuvo que residir ahí por motivos de trabajo. La estancia en aquellos trópicos fermentó la sangre y fecundó la tinta artista, y es responsable en buena medida de su originalidad.
Años después y luego de un prolífico y encarnizado itinerario como pintor y dibujante que anda explorando las posibilidades del cuerpo plástico, Luis Gal pudo regresar a Venezuela y, en particular, al Delta del Orinoco Arnacuro cuyas insoladas penumbras dejaron en su piel más íntima —la de la sensibilidad— una suerte de velo o tatuaje no tan invisible, suerte de piercing o escoriadura de la sensibilidad agitanada entre los ríos.
Al volver a México, luego de aquella residencia en la tierra de las aguas, en la cual fue su guía el inmaculado José Balza —tan amigo de la pintura como muchos deltanos despiertos— Luis Gal regresó a México trayendo bajo el brazo una serie —iba a decir un matorral o un bosque— de dibujos, grabados, pinturas y acuarelas en los cuales la reminiscencia y la revelación, la incidencia inédita de la epifanía de la percepción se funden en una serie de imágenes para producir un cahier du retour au pays natal o cuaderno de regreso al país nativo o cuaderno de anagnórisis.
Más allá del entusiasmo y de la alegría que produce en el artista el goce intransferible e intransitivo de la creación; más acá de la desolación del que ha sido testigo del nacimiento y la caída de los mejores mundos posibles, subsiste en la obra de Luis Gal una desnudez inapelable, una suerte de encarnizada voluntad fenomenológica para indagar en y desenredar la trama del mundo y de la creación; hay así en sus cuadernos de arbustos, paisajes y caños fluviales una impasibilidad a la vez afectuosa y exigente, suerte de responsable irresponsabilidad en la que el artista transita por la línea quebradiza que separa el cálculo de la gracia, los actos gratuitos de los premeditados uniendo sus filamentos en el ramo de una alta improvisación; y es en el silencio de esa altura improvisada por el oficio una y otra vez ensayando de donde surgen las imágenes cantadas de Gal. Son obras que se elevan como tácitos himnos musitados desde las barcas mustias del lápiz, tinta y papel. Con ellos Luis Gal recorre la urdimbre imantada y silvestre de una creación que parece depender de su puño y trazo para existir. De ahí entonces su condición intemporal —no extemporánea sino en presencia continua—; de ahí su carácter sagrado, alimentado en secreto por la energía discordante de lo terrible que encuentra en la forma las huelgas de la concordia.
