Rodolfo Nieto
Breve Semblanza de Rodolfo Nieto
(1936-1985)
Ejemplo de renovación, que no de ruptura, en la estética de las nuevas generaciones de artistas es la pintura de Rodolfo Nieto, artista de origen oaxaqueño que estudió en la escuela de artes plásticas de La Esmeralda como discípulo, entre otros, justamente de Carlos Orozco Romero. Si la aventura plástica se inicia de manera formativa con el maestro, se complementó con sus viajes autodidactas a Europa, llegando a exponer con éxito su obra en París. Aunque asimiló la lección informalista de la escuela parisina, de Rodolfo Nieto debe también aceptarse su deuda con la moderna pintura mexicana. En su obra puede detectarse una evasión abierta al asunto explícito, es decir al tema, al tiempo que prefiere proyectarse el gesto constructivo como significante del acto pictórico. El asunto había sido previamente tratado por Gunther Gerzso, Carlos Mérida y Rufino Tamayo, pero especialmente por Alfonso Michel cuya obra funciona bien como liason entre las propuestas artísticas de la modernidad y la que se perfilaba como la pintura contemporánea de México. También habrá que decir que algunos de los referentes iconográficos de la estética de Rodolfo Nieto provienen del caudal ancestral de lo primitivo”.
(Octavio Paz. Los privilegios de la vista. Arte de México. Fondo de Cultura Económica. México, 1987)
Nieto cuenta con una vasta obra, ya que desde los once años pintó sus primeros cuadros con la violeta de genciana con la que su padre, del mismo nombre y de profesión médico epidemiológico, curaba a sus pacientes.
“Rodolfo Nieto y Rodolfo Hurtado fueron dos de los primeros pintores mexicanos becados por el IFAL. Nieto, viviendo en París, llamó a Francisco Toledo para invitarlo a quedarse con él en esa ciudad, ya que tenía un departamento muy amplio y 500 dólares mensuales, suficientes para sobrevivir en París. Ese don altruista de Nieto le permitió ayudar a numerosos compañeros para que trascendiera su trabajo ”, recuerda Trejo.
Nieto es uno de los protagonistas del periodo de la ruptura y uno de sus trabajos destacados como ilustrador permanece en la traducción francesa del Manual de zoología fantástica, del argentino Jorge Luis Borges.
“La grandeza de la obra de Rodolfo estriba en el impacto y atracción que ejercen ante el público, sin importar su conocimiento del arte en general. Siempre buscó imprimir en sus piezas la abstracción mediante el movimiento y el color, en ellos imprimió toda su acción como hombre y artista”. María Elena Trejo.
